ESPERANZA . HOPE

__ESPERANZA__
Para los jóvenes estudiantes de arquitectura, se nos presenta un futuro incierto, en el que únicamente los que tengan verdadera motivación, talento y paciencia podrán desarrollar una carrera como arquitecto al mismo nivel que lo hicieron los que hoy son nuestros profesores.
Artículos como este nos siempre van bien, recordar que los futuros arquitectos no tienen la obligación de dedicarse en cuerpo y alma al oficio de arquitecto como se entiende comúnmente. Tenemos muchas posibilidades, sabemos materializar ideas que se forman en nuestra cabeza y sabemos desarrollar un proyecto desde su más tierno inicio. 
Así pues, para todos aquellos a los que nos interesan otras sendas profesionales, este artículo es una motivación en toda regla. Siempre hay esperanza.
To all the young architecture students, our future is quite incertain, and only the ones with true motivation, vocation, talent and pacience will be able to develope a career as an architect at the same level that our professors at university did.
Articles like these always do good, to remind us that future architects don’t have the obligation to live and think as an architect in it’s most common meaning. We have many other possibilities, we know how to bring into being the ideas that occure to us inside our head and we have the ability of developing a project from its very beginning.
So, to sum up, to all of us that are attracted by other professional paths, this article is, with no doubt, a very good motivation. There is always hope.
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La arquitectura camina hacia la conquista de nuevos espacios. No son estrictamente físicos o puede que no estén enladrillados, pero la profunda crisis de la construcción está produciendo una búsqueda de nuevas experiencias profesionales que beben de las esencias de la arquitectura, de la conjunción de arte y técnica, y se expanden hacia otros campos. Es un momento de pruebas, con aciertos y errores, en el que cada vez más arquitectos rompen las fronteras clásicas del oficio.

Elisenda Tortajada, Eva Serrats, Eugènia Calero y Elena Guim son arquitectas. Cada una tiene una historia profesional diferente, y diferentes percepciones sobre el futuro. Pero tienen en común que mezclan su vocación y formación arquitectónica con otras experiencias. Turismo, cine, repostería, pedagogía… Eugènia Calero, con 29 años, es la más joven, y el éxito de sus pasteles, bombones y galletas la tiene asombrada, tan asombrada que se está planteando profesionalizar en serio una experiencia que empezó como un maridaje experimental entre el diseño -la web Cookiliciós, las formas y los detalles de cada producto- y la repostería de calidad.

Tampoco hay que llamarse a engaño y edulcorar la realidad. Eugènia no tiene trabajo estrictamente como arquitecta desde el pasado diciembre y está cursando su segundo máster -el primero de director de proyecto y el actual en prevención de riesgos laborales-. “Soy una arquitecta que está buscando varios caminos a la vez”, comenta convencida de que la formación que recibió durante la carrera la capacita para afrontar cualquier proyecto. Barrunta mil posibles salidas como la mayoría de los jóvenes, mientras busca con ahínco financiación para comprarse una cocina profesional y consolidar el inesperado éxito de su repostería, que vincula a la vertiente artística que le ha dado la arquitectura y a su pasión por “los materiales”.

La profunda crisis de la construcción ha abierto desde hace un par de años un amplio debate sobre el futuro de la profesión, sobre cómo reconvertir el modelo clásico de autónomo con despacho profesional y afrontar la evidencia de que las grandes empresas ya no fichan a arquitectos debido a la nula inversión pública y privada. Este escenario ha dado pie a dos reflexiones paralelas. La reconexión del arquitecto con la sociedad, es decir, la reivindicación del oficio como instrumento al servicio de la ciudadanía enterrando el divismo que se asoció con unas cuantas figuras. Y la búsqueda de perfiles profesionales desvinculados de la construcción en sentido estricto.

“Tenemos que hacer cosas a muy pequeña escala, para individuos, familias, en formatos diferentes, mirar hacia otras profesiones a las que podemos aportar cosas. Hay que hacer canciones, y no discos”. Lo dice Eva Serrats, que construye -está finalizando la obra del Arxiu Comarcal de la Selva- y hace películas. La trayectoria multidisciplinar de esta arquitecta de 40 años no está vinculada a la crisis porque ya empezó la carrera siendo fotógrafa. Al acabarla cursó un máster sobre creación documental y demuestra que no hay que poner puertas a la arquitectura.

Viajando por los certámenes internacionales se encuentra Mercado de futuros, el ensayo cinematográfico que acaba de producir y que ha dirigido Mercedes Álvarez, en el que se narra a partir del derribo de una casa antigua, con su historia y sus historias personales, los cambios del espacio urbano, la fiebre del mercado inmobiliario y la cosificación de los sueños. Serrats explica que trabajar con la arquitectura y el cine no es tan diferente porque se trata de dar forma a las ideas, y darla con un equipo de gente en el que cada uno debe hacer su aportación para que surja una única obra. En el 2005 creó la productora Leve para acercar mediante el lenguaje audiovisual la arquitectura a la ciudadanía.

La participación de arquitectos en la industria cinematográfica, por ejemplo, diseñando los espacios en el cine de animación, empieza a producirse. La infografía, la figura del director de proyecto (el que gestiona todas las fases de una obra), la gestión u aprovechamiento del patrimonio de una empresa, la divulgación, la tecnificación de la construcción, el ahorro energético, la rehabilitación, la arquitectura saludable, las necesidades de una sociedad que envejece… son algunas de las nuevas salidas profesionales que empiezan a plasmarse.

La trayectoria profesional de Elisenda Tortajada es una muestra de la capacidad de superación de los vaivenes de la profesión en los últimos años y, también, del “descubrimiento” -como ella misma define- de que no es lo mismo ser mujer que hombre, un descubrimiento que llegó con sus dos embarazos. Elisenda, de 48 años, está embarcada hoy en Architectours, una empresa que ofrece recorridos guiados sobre arquitectura contemporánea a grupos de profesionales y a despachos extranjeros en las principales ciudades españolas. El proyecto está en fase de expansión, pero detrás está una larga trayectoria profesional que empezó como estudiante primero y luego como socia del estudio de Oscar Tusquets.

Tortajada también tuvo despacho por cuenta propia, vio como se esfumaba un contrato fijo por estar embarazada y ha trabajado durante diez años en el Col.legi d’Arquitectes en diferentes cargos directivos hasta que la crisis la obligó a marcharse en el 2009. Entonces, explica, vio clarísimo que tenía que estudiar de nuevo, que regresar a un despacho era imposible. Escudriñó todo los másters del mercado y se inclinó por el que más le apetecía cursar: turismo. Hoy dice que se siente feliz profesionalmente, pero cobra un tercio de lo que percibía hace unos años.

A Elena Guim también se le ha esfumado el sueldo que tenía no hace tanto. Tras trabajar en diversos despachos, estuvo cuatro años como directora del proyecto Torre Diagonal 00, la nueva sede de Telefónica en Barcelona que desarrolló el estudio de Enric Massip. La obra se acabó en el 2010 y se quedó sin trabajo. A punto de cumplir 40 años, Elena se sentó tres meses a pensar lo que quería hacer, escribió mucho y optó por probar una nueva aventura con la divulgación, por difundir la cultura arquitectónica a los “no arquitectos” y darles las herramientas para pensar la ciudad, el barrio, la vivienda desde un sentido crítico y útil. Tras un periodo de aprendizaje empresarial nació Arquect, un proyecto divulgativo que organiza talleres en centros cívicos, en escuelas, casals, diseña itinerarios para niños, visitas a despachos… Pero tampoco es fácil porque crisis y cultura no conjugan bien. Elena se va abriendo paso, pero admite que a corto plazo no puede vivir sólo de su nuevo proyecto.

Y asegura que está dispuesta a quemar todos los cartuchos. Como Eugènia, Eva y Elisenda, cada una con su historia, pero con la convicción de que la riqueza de la arquitectura y la sólida formación permite tirar paredes y explorar nuevas vertientes profesionales.


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One comment

  1. Muy interesante, solo hay que verlo como una salida a la imaginación…no es fácil, y muy pocos pueden hacer un cambio que aunque parece que sea similar en lo artísitico de la profesión, no tiene nada que ver con construir edificios dónde la gente viva, o pueda estar. Lo veo como una bonita solución, y una ayuda para el que este en un mal momento profesional para que se atreva con cosas nuevas.

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